Uno de los activos más importantes: hablar varios idiomas

Estamos en el siglo XXI, en la era de Internet. Ahora más que nunca podemos vivir y aprovechar la globalización al máximo. Lo único que nos separa del resto del mundo es el botón de encendido de nuestro ordenador, teléfono o tablet. El problema para muchos es la barrera que les crea el idioma.

Hoy en día, uno de los mejores activos personales y de negocio que podemos tener, es hablar varios idiomas. Si “varios” te sueña a MUCHO, por lo menos tienes que tener un segundo idioma y si eres Hispano, Luso o Germánico, asegúrate que sea el inglés.

No hablar inglés en el siglo XXI es como no saber leer y escribir en el siglo XX. Se estima que 1.8 billones de personas en el mundo hablan inglés, bien sea como lengua materna o como segunda lengua. Y “lo mejor de lo mejor” en el mundo, se produce en ese idioma.

Yo hablo Español como lengua materna, Portugués como segunda lengua y hablo inglés fluido. Estos 3 idiomas me permiten comunicarme con más de 2.5 billones de personas en el mundo. Eso es casi un tercio de la población mundial! Mis próximos idiomas serán el Francés y el Alemán (de francés tengo conocimientos básicos, de Alemán, prácticamente nulos). Y por capricho y pasión por la cultura, voy poco a poco estudiando el Japonés.

Pero ¿a quien le interesaría poder comunicarse con un tercio de la población mundial?

A mi, a ti y a muchos otros emprendedores. No hay mejor manera de hacer crecer un negocio que atacando varias culturas diferentes. Si tenemos el cuidado de saber hablarles en su mismo “tono” cultural, tendremos muy buenas posibilidades. Aunque solo logremos una penetración del 0,01% del mercado, tendremos muchísimas más probabilidades que los que logran atacar el 1% del mercado nacional.

Y por favor no le echemos la culpa al sistema educativo o a nuestros padres. Nosotros mismos somos capaces de aprender lo que nos propongamos, sin depender del sistema ni de nadie. Si no me crees, pregúntale a Google.

Complejo de Adultez

Este es un pequeño fragmento de un ensayo llamado “Teorías sobre el Complejo de Adultez” que comencé a escribir hace algunos años atrás, pero entre responsabilidades, distracciones y procrastinación, aún no lo he podido terminar:

“Complejo de Adultez” es el sentimiento derivado de la lucha constante por el posicionamiento dentro de la sociedad. El adulto común, teme mostrarse a los otros tal cual como es, por el simple hecho de sentirse vulnerable, corriendo el riesgo de perder el “status”. Simples emociones como reír, llorar y sorprenderse son un atentado a la integridad de estas personas. Cualquier cosa que no sea dinero, poder y sexo, es considerado “para niños”.
Este es el perfil de las personas que sufren de “Complejo de Adultez”. Algunos de ellos podrán decir ‘YO!? que va! yo no pienso así!’ pero en la práctica, es preferible perder la naturalidad y la sencillez con la que hemos venido a este mundo a cambio de una posición social tan efímera como nuestra niñez”

Este ensayo lo comencé a escribir en mi época de ilusionista profesional. Cada día de trabajo, me encontraba con algunas personas que no se permitían disfrutar del entretenimiento que yo les brindaba porque temían parecer tontas o ingenuas, solo porque mi trabajo consistía en ayudarles a suspender la incredulidad por breves momentos y hacerlas sentir parte de una fantasía que les ayudara a olvidar el mundo real. A la final, la “magia” no es más que una representación teatral de “ciencia ficción” disfrazada de total y absoluta normalidad.

Es muy bonito dejarse llevar por situaciones que nos hagan sentir como niños por breves momentos. A un niño cualquier cosa le parece magia, desde el vuelo de una mariposa hasta la manera como se oculta el sol. Todo eso les parece magia porque no logran entender como sucede. Cuando crecemos, perdemos esa ilusión y lo que era antes para nosotros “magia” ahora es “ciencia”. Un (buen) ilusionista no quiere ofender la inteligencia de nadie, solo quiere ayudarlos a revivir esa magia que sentían cuando eran niños.

Como suelo decir: El día que dejemos de ser niños, solo por el hecho de habernos convertido en adultos, nos habremos sentenciado a vivir miserablemente en un mundo frío e insensible.

¿Por qué no nos gusta que nos “Laven el Cerebro”?

Esa frase de por si ya asusta un poco. A nadie le gusta “que le laven el cerebro”, ¿no?

Pero ¿qué hay detrás de esa expresión?

Yo suelo leer libros de mejoramiento personal y profesional (a que suena mejor que “libros de auto-ayuda”!) y puedo decir con todo el orgullo, que varios de ellos, realmente me han cambiado la vida. Sin embargo, cuando le comentas a algún amigo o familiar lo que has aprendido con esos autores, la primera reacción que algunos tienen es “advertirte” que te están intentando lavar el cerebro y te dicen (casi te ordenan) que “no creas en esas tonterías”.

Como en todas las áreas, hay autores mejores y autores peores; algunos de ellos realmente te inspiran a perseguir el cambio mientras que otros, te hacen sentir insignificante o te hacen creer que todo es muy “fácil” y que basta con que “creas en ti para que lo logres”.

De hecho sí es necesario que nos laven el cerebro en muchos casos. Con el pasar de los años, vamos acumulando mierda porquería en nuestro consciente y subconsciente, bien sea por malas experiencias del pasado (propias o ajenas) o porque tenemos una idea o convicción muy fuerte sobre algunas situaciones. Si eres como yo, que soy sumamente fiel a mis propias ideas, al punto que cuando tengo que desechar algunas porque han quedado obsoletas o porque he comprobado que no son de ninguna utilidad me siento que estoy perdiendo parte de mi personalidad, como que si tuviese que arrancarme un pedazo de quien soy, por supuesto que no te gustará que venga otra persona a intentar cambiar lo que eres y como piensas. Pero tenemos que ser lo suficientemente conscientes para saber reconocer cuando es necesario lavarnos el cerebro.

¿Hasta qué punto sufrimos de un Síndrome de Acaparamiento Compulsivo pero a nivel mental? Sabemos que hay algo que no está bien en nuestras vidas (porque nos quejamos, nos sentimos mal o porque simplemente nos sentimos “vacíos”) pero somos reacios al cambio. Queremos “algo” mejor, pero no queremos cambiar nada de lo que somos y lo que hacemos.

Estamos en el siglo XXI, ya casi todo lo que hay que saber sobre la humanidad, lo sabemos. No existe, ni existirá una fórmula mágica para conseguir el cambio que deseamos, solo debemos limpiar y desechar la porquería que tenemos en nuestros pensamientos. Muchas veces es bueno que nos ayuden a lavarnos el cerebro.

¿Tú que opinas?

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